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Caida de Constantinopla

Con la caída de Constantinopla, se puso punto final al Imperio Romano de Oriente, el último vestigio del glorioso Imperio Romano. La ciudad de Constantinopla era un cruce de vías comerciales terrestres que enlazan Europa y Asia con el puerto marítimo principal entre lo que es el Mar Mediterráneo y el Mar Negro. Constantinopla anteriormente tenía el nombre de Bizancio, la misma fue robada por los croatas y padeció una despoblación motivada por culpa de la peste bubónica, generada en pueblos aledaños. La decadencia de Constantinopla inicio en los años 1190, mediante los preparativos de lo que se conoce como la Tercera Cruzada. La ciudad no estaba pasando por su mejor momento, por lo que se mantuvo neutral durante el periodo de las cruzadas. Esto fue provechado por los mercenarios croatas para saquear la ciudad en el año 1204, un duro golpe para la capital del imperio.

 

La caída de Constantinopla se originó a mediados del año 1453, de la mano de soldados turcos, los cuales darían inicio con esto a una nueva era en la ciudad y la región. Es entonces, una vez tomada la ciudad que comienza lo que podríamos llamarse el nuevo Imperio de los Turcos, el cual era gobernado por los sultanes. Este imperio tenía un ejército lleno de soldados que realmente eran sanguinarios y estaban preparados específicamente para hacer la guerra. Cabe destacar que en un principio los turcos se entremezclaron con las tribus que había por la región, pero en el año 1256 se separaron, quedando bajo el mando del sultán Otomán. De hecho, durante el mandato del sultán, el imperio fue conocido como el Imperio Otomano.

Mehmed II fue una pieza fundamental del recién nacido imperio Otomano. Este monarca reunió un ejército de cien mil soldados, los cuales estaban preparados para combatir profesionalmente contra cualquier enemigo extranjero. El sultán hizo promesas de repartición de botijos, riquezas de sectores importante de la Muralla lo que mantenía a estos hombres muy motivados para llevar a cabo la conquista de la ciudad.

El ataque Otomano

El mismo tuvo inicio  el  siete de abril del  año 1453, momento en el cual es disparado por primera vez el imponente cañón con dirección al valle de rio Lico, junto a la puerta de San Romano, permitiendo la entrada en la ciudad fortificada de Constantinopla. Todo esto gracias a una depresión bajo la muralla que hizo posible la colocación del cañón en la parte más alta.

La muralla no estaba preparada para soportar ataques de artillería pesada, por lo cual con tan solo siete días de haber comenzado los combates entre los ejércitos turcos y bizantinos, ésta comenzó a fracturarse. A pesar de la fama de  la muralla, esta no pudo soportar la nueva arma del momento.

El fin de la Edad Media

La caída de Constantinopla dio inicio al fin de la Edad Media. Mohamed II logro conquistar Bizancio el 29 de Mayo de 1453. Durante 48 horas los soldados turcos se encargaron de robar, matar y hacer destrozos por toda la ciudad. El emperador Constantino, luego de comulgar, se lanzó hacia los atacantes, provocándose la muerte. Los cristianos estuvieron en el punto de mira de los soldados, por lo que estos no dudaron en enfrentarse, anteponiéndose a los cañones turcos. Los símbolos religiosos del cristianismo también estuvieron en la mira de los soldados turcos; estos fueron destruidos o saqueados. Pero lo más doloroso para los cristianos fue la usurpación de la Iglesia de Santa Sofía, el mayor símbolo religioso del cristianismo para aquel entonces. Los soldados quitaron la cruz que coronaba la punta de la iglesia, y la cambiaron por la Media Luna, el símbolo del islam. Las consecuencias de esta toma fueron muy diversas.

 

Para el momento de la caída de Constantinopla, la capital era una de las ciudades más importantes del mundo occidental. Esta se extendía desde el estrecho del Bósforo hasta Anatolia, permitiendo la conexión entre el continente Europeo y el asiático, favoreciendo los intercambios comerciales. La caída de Constantinopla ocasiono un gran impacto en occidente y se llego a creer que todo esto se trataba del fin del Cristianismo, según se puede leer en diferentes crónicas de la época. Las personas creían y daban por segura la fortaleza de las murallas, lo cual impediría el acceso de cualquier invasor, especialmente los turcos.

Se hicieron intentos para lograr la liberación de Constantinopla del yugo turco, pero ninguna de estas campañas llevo a algo. Hay que tomar en cual que en aquel tiempo, el ejército Turco era uno de los más preparados y despiadados. Incluso los mismos genoveses se apresuraron a presentar sus respetos al Sultán turco de aquel entonces, todo esto con la firme intensión de seguir haciendo negocios; lo que ocasionó que Constantinopla siguiera bajo el dominio musulmán.

Al cerrarse una vía de comercio tan importante, las potencias europeas comienzan a explorar nuevas rutas comerciales. Los españoles y los portugueses fueron los que sacaron mayor provecho de estas nuevas exploraciones, ya que estaban relativamente lejos del Imperio Otomano y tenían al océano atlántico a sus pies.

Los portugueses trataron de llegar hasta Asia haciendo un círculo en su travesía, la cual concluyo con el  viaje del Vasco Da Gama entre los años 1497 y 1498. Mismo periodo en que los Reyes de España decidieron financiar la expedición del conquistador Cristóbal Colon.

La ciudad de Constantinopla no solo era importante por ser un destacado centro de comercio marítimo internacional; también resaltaba el hecho de ser un espacio donde diferentes culturas podían convivir. A pesar de ser una ciudad cristiana, en ella se podía aprender sobre las lejanas culturas asiáticas, por medio de los exploradores que venían de hacer el recorrido de la seda.

Es necesario mencionar que la capital era uno de los grandes bastiones del cristianismo en Asia. El Imperio Romano de oriente había logrado mantener la zona evangelizada, y la ciudad de Constantinopla se había convertido en un gran centro de peregrinación para los cristianos de occidente. Todo esto hizo que la Caída de Constantinopla fuese vista como una de las mayores derrotas para el cristianismo; además de ser el principio de la expansión y surgimiento del islam en Oriente Medio.