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La dinastía Romanov

El origen de la dinastía Romanov

La dinastía Romanov fue una dinastía que se estableció en Moscú, Rusia, en el siglo XVII; esta aceptó en 1613, la presencia de Miguel I en el trono, este era el gran hijo de Filareto, un patriarca que se encargó de su país hasta la revolución que se llevó a cabo en febrero del año 1917, la cual estuvo empujó al zar Nicolás II a su renuncia.

El origen de la Dinastía Romanov tiene una larga lista de antepasados en la que se pueden destacar varios personajes por su orden de nacimiento y procedencia. A continuación, una lista genealógica de esta familia:

1. Filareto el patriarca.
2. Nikita Románovich, madre de Filareto.
3. Románovna Starkoysky, hermana de Lana e hija de Román Románovna.
4. Anastasia Románovna, hija de Román Románovna.
5. Yuri Zajárievich, hijo de Zajari Ivánovich.
6. Andréi Ivánovich, hombre que se decidió a servir aun reinado en Rusia.

Los nombres mencionados puede ser parte de lo que fue la Dinastía Romanov; como se lee, una gran familia que, con el paso de los siglos, dejó un montón de personajes en la historia.

 

Llegada al trono

La dinastía Romanov logró influenciar muchísimo a la sociedad en el Gran Interregno, el proceso se dio cuando murió Iván IV. Luego de una asamblea de nobles, llevada a cabo en el año 1613, Miguel I de Rusia, sobrino nieto de Iván, fue escogido como el zar de la época. En ese justo momento comenzó la dinastía familiar.
Luego de Miguel, llegó su hijo Alejo I de Rusia y su joven nieto Teodoro III de Rusia, la muerte de este último causó un gran conflicto entre Pedro el Grande, Alejo I y los hermanastros Sofía e Iván V, la razón fue un problema sucesorio.

 

La influencia alemana

El gran Pedro estaba en contra de los dos zares, razón por la se dio paso al reinado que se basó en la transformación y modernización de Rusia, esto empujo a la colonización territorial y a la llegada de San Petersburgo.

Fue el primer monarca que decidió quedarse con el título de “Zar” de las Rusias, enviando a 55 soldados a que lucharan en la guardia gigante que se llevaba a cabo en el reino de Prusia.

Con el pasar del tiempo, la ley de sucesión fue cambiada por él mismo, pero, estableciendo que los monarcas eran libres de escoger a su sucesor. A pesar de esto, Pedro murió sin haber elegido a su sucesor.

Por esta razón, los boyardos se encargaron de escoger a Catalina I, su bella esposa, quien finalmente fue conocida como la “zarina”. Cuando ella murió, el trono regresó al gran linaje de los Romanov, quedando en su nievo Pedro II y en Ana Ivanovna.

Finalmente, fue Iván Vi quien se convierto en Zar. El trono regresó al lugar de los Romanov, quedando en manos de la Zarina Isabel, la amada hija de Pedro. Con esta mujer se eliminó el linaje, aunque la dinastía delos Romanov siempre se mantuvo, siendo sustituida por la Casa de Holstein.

En el año 1761, la coronación de Pedro III, fortificó lo que era la presencia alemana en la renombrada Rusia Imperial. Este zar sintió una enorme admiración por Federico II, su razón fue que él hombre mencionado apostó a la paz en cualquier guerra en la que se presentó. A él jamás le importó el cómo ni el qué, pues la tranquilidad de toda la nación siempre fue el objetivo del reino.

 

Conspiraciones y, finalmente, la caída

La conspiración entre el clero y la nobleza, empujó a Pedro III a dejar el trono, cediéndole el puesto a su bella esposa Catalina II de Rusia, mujer que le robó el trono a Pablo I, su hijo; a pesar de esto, ella lo designó como el sucesor del trono.

Con el tiempo, Pablo fue asesinado por una conspiración que su propio hijo, el príncipe Constantino, preparó en el año 1801. Desde ese momento, el trono volvió al nieto de Catalina, Alejandro I, y luego quedó en su hermano Nicolás I.

Después de los acontecimientos mencionados, el orden normal de la sucesoria se continuó de padres a hijos, en el siguiente orden: Alejandro II, Alejandro III y Nicolás II.