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Manzanas, almendras, sandías, melones o kiwis desaparecerían con las abejas…

Cuando la última abeja que exista sobre la faz de la Tierra desaparezca, será el momento de la cuenta atrás para la vida del hombre sobre este planeta (suena apocalíptico, pero tiene su lógica). Este vaticinio ya lo hizo en sus tiempos Albert Einstein, quien solo nos da cuatro años de existencia tras la desaparición de este insecto. ¿Es posible que el poder de las abejas sea tan grande? Lo es porque forman parte del proceso vital del ecosistema que hace posible la polinización de cientos de flores que más tarde se convertirán en fruto. De hecho, según datos de la Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas (FAO), son responsables directas de la polinización de 71 especies. Solo en Europa,  el 84% de las 264 especies de cultivo y 4.000 variedades vegetales, existen gracias a ellas.

 

La desaparición de las abejas traería consigo también la de cultivos como el kiwi, la sandía, el melón, el calabacín, la manzana, la almendra o el brócoli, entre otros. Esta situación acabaría dibujando un panorama nada halagüeño para la alimentación y la economía, ya que se reduciría la variedad de cultivos y se encarecería el resto. Como avisaba Einstein:

Sin abejas, no hay polinización, ni hierba, ni animales, ni hombres”. (Albert Einstein)

¿Qué está pasando con las abejas?

Pero, ¿por qué desde hace unos años viene descendiendo el número de abejas en todo el mundo hasta el extremo de que en algunos puntos ya han desaparecido? Los expertos achacan esta situación a un cúmulo de circunstancias adversas, entre las que destacan: el cambio climático; el uso de un grupo de insecticidas altamente peligros para las abejas (los neonicotinoides) y, la existencia de un parásito conocido con el nombre de “varroa”, introducido desde Asia y contra el que la abeja europea no está inmunizada.

Solo dos apuntes referentes a los neonicotinoides y la varroa. Sobre el primero señalar que se trata de un insecticida que afecta al sistema nervioso. Aunque directamente no mata a las abejas las desorienta y no les permite encontrar el camino de regreso a la colmena. Sobre el segundo, la varroa, comentar que el efecto de este parásito sobre las abejas es letal, ya que les chupa la sangre y debilita su organismo. Daña su sistema inmunitario y ello facilita que puedan contraer cualquier enfermedad colateral. Dicen los expertos que es uno de los mayores problemas de la agricultura en todo el mundo.

Con estas  pinceladas ya nos podemos hacer una idea de lo complicado que se presenta el panorama. Parece evidente que urge tomar medidas cuanto antes, ya que la desaparición de las abejas repercutiría muy negativamente sobre el futuro alimentario del hombre. Para tratar de encontrar una solución global, la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) de la ONU, creada en 2012, ha iniciado una evaluación sobre la polinización y la producción de alimentos en el mundo.  Claro que este tipo de estudios tienen un tiempo largo para su ejecución, en este caso, las conclusiones del estudio se esperan para 2015. ¿Qué hacer pues, hasta entonces?

 

Al margen del trabajo de organismos oficiales internacionales, desde el ámbito privado también se están analizando cuestiones para agilizar procesos y tomar decisiones acertadas cuanto antes. En este sentido, está trabajando Greenpeace desde hace tiempo. De hecho, acaba de publicar un extenso estudio (La pesada carga de las abejas) basado en una investigación con más de 100 muestras tomadas en 12 países europeos en una sola temporada de pecoreo (conducta de las abejas obreras que recolectan polen y néctar de la flora de un determinado lugar geográfico). Los datos de la investigación ponen de manifiesto que dos tercios del polen recogido estaban contaminados hasta con 17 sustancias tóxicas distintas.

Medidas para paliar la desaparición de insectos polinizadores

La organización ecologista insta a la Unión Europea a tomar medidas urgentes para tratara de paliar la desaparición de las abejas y otros insectos polinizadores. A través de una recogida de firmas para entregar al Gobierno español, Greenpeace exige, una regulación más estricta en lo referente a los plaguicidas, llevar a cabo prácticas más ecologistas y realizar más inversión en medidas de protección (estas son solo algunas de las recomendaciones que esta organización hace en su estudio).

Hay que recordar que actualmente, en España se pueden usar sin ningún tipo de restricción 319 productos peligrosos para las abejas. Desde Greenpeace se insta al Gobierno a establecer un calendario para la prohibición total de los plaguicidas más dañinos  (imidacloprid, clotianidina, tiametoxam, fipronil, clorpirifos, deltametrin y cipermetrin).

Entre todos podemos construir un entono más sano y natural, del que los más directos beneficiarios seremos nosotros y nuestros descendiente. ¿No vale la pena intentarlo?