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Reconducción de conductas agresivas

agosto 2nd, 2016

Categories: Infancia

Los niños y niñas pasan por diferentes etapas, esto no es una novedad ni es algo que no haya pasado previamente con nuestra propia persona, con nuestros padres o con cualquiera de nuestros antepasados. El ser humano tiene una série de ciclos que van corriendo a lo largo de su vida y hemos de ser conscientes de que ello no ha de ser necesariamente algo negativo, siempre y cuando sea controlable y las características de dicha etapa en cuanto al comportamiento infantil se refiere, no sean molestos o afecten al estado del bienestar en el hogar y en la vida del niño.

En este artículo vamos a hablar sobre los denominados transtornos de conducta, más concretamente sobre las conductas agresivas, un comportamiento que muchos niños y niñas acaban adquiriendo en determinadas etapas de su infancia y que han de ser tratadas con la seriedad que precisan por parte tanto de la familia como de docentes, pero en el caso de este artículo nos fijaremos más en la parte del hogar y de los padres que serán principalmente, los potenciales lectores de este portal.

Las conductas agresivas de un niño no han de venir dictaminadas por ningún patrón de conducta que haya visto previamente en su hogar, tampoco ha de ser inducido por amigos o compañeros del centro escolar donde asiste, puede tener otros origenes muy diversos como el visionado de determinados dibujos o simplemente sea una evolución del carácter de nuestro hijo o hija que ha derivado por una vertiente más extermista. Esta situación puede ser fácilmente visible por parte de la familia a través de cambios de actitud, comportamientos molestos e irracionales, pataletas excesivas, pérdida del control de sus modales en público y /o privado, etc. Ante esta situación la posición de la familia ha de ser clara y tajante, no se pueden permitir conductas agresivas de ningún tipo ya que su aceptación en la infancia permitirá hacer prolongar la misma en el tiempo y podrá derivar en problemas académicos y sociales que le acompañen en etapas más complejas como la pubertad.

Hay que actuar con firmeza en esta época donde la personalidad de nuestro hijo aún no está afianzada

Los padres en ocasiones pecamos de permisivos y de hacer la lista gorda, así como de quitar hierro al asunto cuando estos conciernen a nuestros hijos, pero lo que hemos de tener claro es que los limites están para ponerlos y no para limitar la libertad de nuestro hijo, sino para evitar que este se salga de los limites exigidos y que de este modo pueda proseguir en un sendero correcto. Para ello podemos optar por un muy variado tipo de técnicas, si bien es cierto que el refuerzo positivo y negativo suele ser de los más efectivos. En este tipo de técnica, y como su nombre ya anticipa, se trata de premiar las conductas positivas de nuestro hijo, sobretodo aquellas que hasta hace poco se estaban volviendo ausentes y que queríamos volver a conseguir reflotar, así como castigar las negativas, aquellas como pataletas, etc., de las cuales hemos hablado antes y que hemos de eliminar. Esto no es cuestión de una semana, es un proceso largo y que ha de ser estable y que no permite excepciones. Si lo seguimos conseguiremos que nuestro hijo abandone esas conductas agresivas en una edad en la cual aún su personalidad no está totalmente desarrollada y por tanto tenemos mucho que hacer para mejorarla.